LA ESQUINA DE LOS DESALMADOS

Después de tanto, la vida nos trajo aquí de nuevo,
condujimos a la nada, al absoluto eterno, a ese mismo abismo
insondable, recurrente y espiral,
harto conocido por los seres como tú y como yo.
Los habitantes de la esquina de los desalmados,
los que no tienen rostro,
así nos llamarán.
No saben que nos reconocemos en sus palabras.
Mientras tanto, aquellos, los conjugables, se burlarán de nosotros
habrán de lanzar insultos al aire,
y llenarán de escupitajos tu rostro amable.
No lo dudes.
¿Y a mí? A mí no habrán de perdonarme la existencia.
Van a exterminarme
aún sin haber terminado de silabear siquiera mi nombre.
Lo harán con resentimiento, también con odio,
y es que el dolor de las espinas de lo que fui
les recordará a cada instante
que me mi atrevimiento no tuvo límites,
que me entregué al placer del más allá,
y que queriendo transgredí las reglas.
¡Imperdonable!
Nunca nadie cruzó el globo azul.
Cuando nos contemplen compungidos
y cuando sus rostros aparenten compasión,
de seguro querrán que me arrepienta
¡¿Me escuchas?!
¡que me arrepienta!
que reniegue de todo
¡Inquisición!
suplico,
exijo.
Al fin de cuentas tu y yo sabemos,
que no cabe alma que consiga pagar eterna
la suma de lo probado,
la resta de lo vivido,
y…el placer de la muerte y del olvido.

C.M. Mostajo D.

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